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Plaza Dorrego en San Telmo

Vista General

La Plaza Dorrego, donde cada domingo funciona la Feria de San Telmo, es uno de los paseos más concurridos por los habitantes de Buenos Aires y los turistas. Allí se agrupan numerosos puestos de venta de antigüedades que le dan un aire de mercado de pulgas sofisticado. Ubicada en pleno barrio de San Telmo, muchos de los caserones del siglo XIX que se encuentran a su alrededor han sido reciclados y transformados en cafés, negocios de antigüedades (especialmente en la calle Defensa) o restaurantes de categoría. Los bares de la zona ponen mesas en la calle y es uno de los lugares con más artistas callejeros de la Ciudad. La plaza es considerada Lugar Histórico, ya que allí se anunció en 1816 al pueblo de Buenos Aires la Independencia que se había declarado meses antes en la ciudad de Tucumán.

En 1970, el arquitecto José María Peña, entonces director del Museo de la Ciudad, pensó una feria que pudiera revitalizar San Telmo. Convenció a treinta vecinos para que vendieran “cosas viejas” que tenían en sus casas y un año después la feria era un éxito, con más de 200 puestos de anticuarios. Años más tarde, el distrito de la calle Defensa es uno de los centros de anticuarios más prestigiosos de América.

La feria tiene tanto éxito que los puestos se han extendido a las calles vecinas, tomando Humberto Primo, Defensa hasta Parque Lezama y parte del Pasaje Giuffra. Los puestos ubicados sobre la plaza son mayoritariamente de anticuarios, mientras que los que se encuentran en la calle Defensa venden artesanías y objetos “raros”. El clima de fiesta no solo está en la feria, ya que el domingo, los restaurantes abren con mesitas al aire libre, hay espectáculos en los bares históricos, los artistas muestran sus ateliers y las veredas se convierten en un gigantesco escenario.

Historia

En los primeros siglos de vida de Buenos Aires existían solares abandonados entre la escasa edificación de la ciudad a los que se denominaba huecos y que solían utilizarse como mercados, estacionamientos de carretas o vaciaderos de basura. Muchos de ellos fueron convirtiéndose con el tiempo en las principales plazas de la ciudad. Después de la Plaza Mayor, que era parte de la actual Plaza de Mayo el primer hueco que sirvió como mercado fue el Alto de las Carretas, hoy Plaza Dorrego, que ya existía en 1586. Dicha denominación se le dio porque las carretas hacían allí un «alto» o detención antes de entrar al poblado.

En 1734 don Ignacio Bustillo y Cevallos dona terrenos a la Orden Jesuítica con la expresa condición de que instalen en el Alto de San Pedro una Residencia o sea una casa de labores comunitarias. En la noche del 2 al 3 de julio de 1767, en cumplimiento de la Real Orden de expulsión el Gobernador Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa apresa y encierra ahí a los 42 padres jesuitas que hay en su jurisdicción. Para entonces los jesuitas tenían en su complejo de Nuestra Señora de Belén, una Casa de Ejercicios Espirituales, un colegio de primeras letras, un convento, un cementerio y estaba a medio terminar la iglesia de Nuestra Señora de Belén faltando solamente su cúpula central. Aparte habían comprado a Don Juan Conde el 18 de mayo de 1767, el terreno donde hoy está la plaza, quien a su vez lo había comprado el 14 de septiembre de 1758 al matrimonio formado por Pedro López Camelo y María de Ballesteros. Todos estos bienes pasaron a ser administrados por la Junta de Temporalidades.

En octubre de 1978 la plaza fue declarada Lugar Histórico según decreto 2.272 debido a que en su sitio el pueblo de Buenos Aires adhirió a la Independencia en 1816. Efectivamente: La noticia de la proclamación de la Declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816 se conoció en Buenos Aires dos meses después, y el 13 de septiembre de ese año se llevó a cabo en horas de la mañana un acto en la Plaza de Mayo. Por la tarde el acto siguió en la entonces Plaza del Comercio con una ceremonia en la que estuvieron presentes el Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón, el presidente del Cabildo y las autoridades eclesiásticas. Una placa en mayólica sobre la pared de la calle Bethlem recuerda este acontecimiento.

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