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En los comienzos del siglo XVI, diversos grupos poblaron lo que
hoy es Argentina: Tehuelches(en
la actual Patagonia),
Rehuelches, Rampas, Matacos (Chaco,
Salta
y Tucumán),
Guaycures, Huarpes, Diaguitas, Mapuches
(Neuquén,
Río
Negro,
Chubut,
La
Pampa y Buenos
Aires ), Guaranies ( Entre
Ríos, Corrientes
y Misiones),
etc..
Cuando a principios del siglo XVI los primeros europeos llegaron
a Argentina, los nativos americanos ya habían interrumpido el avance
de los Incas hacia el sur desde Perú a través de Bolivia
en el norte argentino.
En 1516, el español Juan de Solís desembarcó
en las costas del Río de la Plata, pero los indígenas se
resistieron a su intento de conquista, y la expedición fracasó.
Magallanes tocó puerto cuatro años después, y remonto
el río De La Plata en busca de una connección entre el oceano
Atlántico y Pacífico. Al ver que tal conección no
existia en este punto continuo navegando hacia sur para invernar en las
costas de la Patagonia. Fue aquí donde tubo contacto con los Tehuelches,
indigenas a quien el llamo Patagones, y que le han dado el nombre a la
región ubicada en el extremos sur del país. Luego de esto,
descubrió el estrecho que lleva su nombre y que conecta los océanos
Atlántico y Pacífico.
En 1527 Sebastián Caboto y su rival, Diego García navegaron
en los ríos Paraná y Paraguay. Formaron un pequeño
establecimiento, Sancti Spiritus, en el cruce de los ríos Caraña
y Coronda cerca de su confluencia con el Paraná, pero este fue destruido
por los nativos dos años después y, tanto Caboto, como García
retornaron a España.
Ocho años después, en 1536, Pedro de Mendoza, con una
gran fuerza abastecida de equipamiento y caballos, fundó un establecimiento
llamado Santa María
del Buen Ayre, que hoy es la ciudad Capital de Argentina. Poco
tiempo más tarde los nativos dificultaron todo para Mendoza y el
establecimiento fue abandonado y Mendoza regresó a su país,
pero no antes de enviar a Juan de Ayolas a remontar el Paraná con
una pequeña fuerza. Ayolas dejo la expedición el mando de
Irala y tomo rumbo hacia Perú (ya conquistado por Pizarro). No se
sabe exactamente que ocurrió con Ayolas, pero en 1537 Irala y sus
hombres fundaron Asunción ( actual capital de Paraguay), donde los
nativos resultaron ser menos hostiles. No hubo más expediciones
desde España para colonizar lo que hoy llamamos Argentina, y no
fue hasta 1573 que el asentamiento en Asunción envió fuerzas
hacia el sur, para establecerse en lo hoy conocemos como la ciudad de Santá
Fé. Siete años más tarde, el 11 de junio de 1580,
Juan de Garay volvió a refundar lo que anteriormente había
sido Santa María del Bueno Ayre. Fue sólo bajo su sucesor,
Hernando Arias Saavedra (1592-1614), que la nueva colonia se volvió
segura.
Mientras tanto, habo exitosas expediciones en la Argentina desde
Perú y Chile. La primera, desde Perú, a principios de 1543.
Estas expediciones incentivaron, en la segunda mitad del siglo XVI, la
fundación de las más antiguas ciudades argentinas en la ladera
oriental de la Cordillera de los Andes: Santiago
del Estero, Tucumán,
Córdoba,
Salta, La
Rioja y San Salvador de Jujuy,
por españoles desde Perú siguiendo el antiguo camino del
Inca; y San Juan,
Mendoza y San
Luis, desde Chile a través de los Andes.
En 1776 fue creado el Virreinato del Río de la Plata-incluyendo
hoy día a Paraguay, Argentina, Uruguay y una parte de Bolivia- con
Buenos Aires como su Capital. Una fuerte burguesía comercial ubicada
en la zona del puerto fue la fuerza manipuladora detras de el movimiento
revolucionario de 1810, el cual creó las Provincias Unidas del Río
de la Plata. El 25 de mayo de 1810, el cabildo de Buenos Aires destituyó
el virreynato y anunció que de allí en adelante gobernaría
en nombre del rey Fernando VII, por el cautivo de Napoleón.
Representaciones de varias provincias se reunieron en Tucumán
en marzo de 1816. El 9 de julio los delegados se proclamaron independientes
del dominio español y declararon la formación de las Provincias
Unidas de Sudamérica (luego, Provincias Unidas del Río de
la Plata). Aunque un supuesto Director Supremo fue nombrado para encabezar
el nuevo estado, el Congreso fue incapaz de llegar a un acuerdo en la forma
de gobierno. Muchos de los delegados, particularmente los de la ciudad
y la provincia de Buenos Aires, favorecieron la creación de una
monarquia constitucional. Esta posición, la cual fue luego modificada
en favor de un alto sistema republicano centralizado, se encontró
con la vigorosa oposición de los delegados de otras provincias quienes
favorecieron un sistema federal de gobierno. La fricción entre las
dos facciones instalada firmemente, culminó en una guerra civil
en 1819.
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