Catedral de Cafayate
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Viajeros de todo el mundo visitan el norteoeste argentino, y Cafayate, en la provincia de Salta es el primer paso para desembarcan en los Valles Calchaquíes. Más de un argentino se sorprenderá al visitar estos lugares, porque los viajeros europeos y norteamericanos superan ampliamente a los locales. Y es aquí donde el intercambio cultural se vuelve una fiesta, donde se intercambian datos y conversaciones muy interesantes.
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Cafayate significa “lugar que lo tiene todo”, y el nombre realmente le viene bien. Tanto en invierno como en verano las actividades aquí no descansan. Rodeado por los Valles Calchaquíes, hay varias excursiones para hacer. El pueblo es muy pequeño, se puede comenzar recorriendo, frente a la plaza, la Iglesia Catedral de Nuestra Señora del Rosario construida a fines del siglo XIX. Eso sí: si, como yo y todos los turistas viajás en unos cómodos shorts, bien cortitos, vas a matarte de risa cuando una viejita encorvada y oscura te diga por lo bajo que no se puede andar “desnuda en la Iglesia”. Así es el espíritu de muchas mujeres de esta antigua tierra, recatado y tradicional hasta la exasperación. Pero vos estás de vacaciones y esta situación no hace más que aportarle color a tu tarde sofocante.
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Llama en la Quebrada de Cafayate
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Viñedos en Cafayate
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Después podés ir hasta el Museo de Arqueología Calchaquí, que tiene una cantidad interesante de objetos anteriores a la conquista española de las culturas Santamaría y Candelaria. Toda esta zona era el paso hacia el Perú, por lo tanto hay también importantes piezas de la época de la colonia.
No podés perderte la visita a las Bodegas La Rosa. Empezando por la casona colonial que se encuentra en perfecto estado de conservación y que de noche, iluminada, resulta muy imponente. Te ofrecen degustar algunos vinos y saborear unos ricos quesos, que te ayudan para que los aprecies mejor.
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Si tomás la Ruta 68, hacia el Norte, el paisaje se transforma de un verde arbolado a una serie de médanos altos y con formas muy caprichosas. Te conviene salir temprano, e ir parando a cada rato para no dejar escapar un solo detalle, te aseguro que no te vas a arrepentir. Sin olvidar una buena ración de agua. Como todo está conformado por una arena fina y blanca, el viento y el agua con su fuerza conjunta confabulada, han tallado formas extrañas. Por ejemplo nosotros no podíamos dejar de ver como una tormenta de lluvia que hubiera sido congelada en la piedra. El cielo siempre esta azul, tan azul, pero tan azul que parece que lo tocaras. Llega un momento en que los cerros se van como “encerrando en sí mismos”. Si tenés tiempo no dejes de intentar subir por esos tajos que parece haber abierto el viento en la montaña, la arenisca roja vuelve a darle nuevos colores al paisaje. Algunos le han puesto nombre a estas formas, como Los Castillos, El Fraile, El Sapo, La Garganta del Diablo, El Obelisco. Hasta el sonido del viento entre estas paredes de piedra, es diferente, te envuelve y parece llevarte hacia arriba. El que se lleva los laureles es El Anfiteatro, por lo imponente de su belleza y por la acústica natural que despliega.
No dejes de ir a Cafayate, hay más para contar. Por ejemplo: si tenés lugar en el auto no dejes de levantar a una maestra o a un estudiante que hace dedo (no representa ningún peligro, no te preocupes), porque vas a conocer aspectos diferentes del ese pueblo y su gente, argentinos que trabajan con otras metas y otros valores.
Hacé tu propia experiencia.
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