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Bajo el Sol Tucumano:
El inicio del viaje tiene a San Miguel de Tucumán como punto de partida. Tras visitar sus puntos más
importantes (como la Casa Histórica –donde es posible presenciar un atractivo espectáculo de luces y sonido
que recrea los hechos del 9 de julio de 1816-, el Cerro San Javier, ubicado a 20 Km de la capital y elevado
poco mas de 1200 mts sobre el nivel del mar, con el Cristo Redentor en su cima o el Parque 9 de Julio y su
gran “alfombra” verde) nos dirigimos por la ruta 9 hacia el norte. Apenas separado unos 25 Km de San Miguel, se encuentra el
Dique El Cadillal, con una longitud de 11 Km, cubre una superficie de 1400 hectáreas y embalsa las aguas de río Sali. Ubicado en una
zona montañosa, combinando la selva tucumana con el parque chaqueño, el lago es ideal para la practica de deportes náuticos y la pesca del pejerrey.
Solo la paz del lugar y algunos cardones que ya comienzan a verse, acompañan el trayecto por la ruta nacional 307, 107 Km al noroeste de San Miguel. Allí
se sitúa uno de los puntos turísticos más bellos de la provincia que, a su vez, representa el inicio de los imponentes Valles Calchaquíes: Tafi del Valle.
A 2000 mts de altura, es una esmeralda engarzada en los Picos del Aconquija y de las Cumbres Calchaquíes que gracias a su clima benigno a su reconditez
natural, ha estado habitado desde tiempos inmemoriales. De su superficie de 100 Km, 26 hectáreas son ocupadas por yacimientos arqueológicos, Cuenta con
7000 habitantes que se duplican en temporada turística. Emplazado en una colina, presenta callecitas que suben y bajan graciosamente y se pueblan al
ritmo del joi-joi (coplas) que
entonan los lugareños con cajas, guitarras, bombos y violines. Sus quesos comparables a los mejores del mundo, por su gusto, de fabricación artesanal, los
encontramos en la famosa Fiesta Nacional del Queso.
Una divertida cabalgata, guiada por un baqueano y la visita a una de las tantas casas que Don Atahualpa Yupanqui ocupó en Tafi, completan la
imperdible visita. La continuidad del camino, esta vez por la ruta nacional 40, supone una emoción tras otra, otorgada únicamente por la naturaleza, las
costumbres y la historia conjugadas a lo largo de los casi 600 Km que abarca la vuelta a los valles. Tras un fugaz paso por Amaicha del Valle, y luego de
atravesar el cruce de la 307 con la 40, el destino y la leyenda nos depositan en las Ruinas de los Quilmes.182 Km la separan de San Miguel y su altura
asciende casi a los 2000 mts.
Ubicadas al pie del cerro Alto del Rey, las ruinas nos trasladan a un pasado indígena, testigo de casi 130 años de
resistencia a la colonización española. Construcciones rocosas estratégicamente diseñadas y minuciosamente restauradas, así
como los inconfundibles cardones de la zona componen el predio donde los indios Quilmes se asentaron y desarrollaron. Los mismos
aborígenes que más tarde fueron deportados a Bs. As y ubicados en las cercanías del antiguo puerto porteño, o sea en lo que hoy
conocemos como la localidad quilmeña. Un hotel 3 estrellas y un museo aborigen completan la oferta turística arqueológica de este
punto del norte tucumano.
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