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El Festival de Cosquín
Todo comenzó en el verano de 1963, cuando se celebró el primer festival folclórico, y todo ocurrió en Cosquín ( provincia de Córdoba), aunque, por cierto, la dimensión del acontecimiento fue nacional. Más aún: al calor de dicho evento, en la ciudad nipona de Kawamata, nació un festival folklórico denominado nada menos que "Cosquín en Japón".
Para muchos musicólogos, el primer festival cosquinense fue el detonante del "boom del folclore" vivido en los años sesenta: en las grandes ciudades, jóvenes de clase media, haste ese momento más embelesados con el jazz y Vivaldi que con las quenas y los charangos, descubrieron que, más alla de su mundo de asfalto y neón, vibraba una música riquísima, con melodías que cautivaban el alma e intérpretes magistrales.
El éxito del primer festival folklórico obligó a repetir el evento al año siguiente, y así se convirtio en una tradición: anualmente, en la segunda quincena de enero, Cosquín se transforma en una ciudad febril o, mejor dicho, en un vasto y sorprendente escenario, con guitarras, cajas chayeras, erkes, picuyos, arpas y charangos en cada esquina. desde el verano del 63, la Argentina
entera empezó a aclamar conjuntos como
Los Chalchaleros, Los
Quilla Huasi, Los de Salta, Los Trovadores,
Jorge Cafrune, Los Huanca
Huá. Y a partir del Festival de Cosquín comenzaron a ser revalorados folcloristas y músicos del calibre de Atahualpa Yupanqui, Antonio Tormo, Jaime
Dávalos, Manuel J. Castilla, Ariel Ramirez, Gustavo "Cuchi" Leguizamón, Ramona Galarza, figuras que
desde hacía tiempo venían haciendo una labor seria y silenciosa, pero a las cuales todavía no les había
llegado la hora del reconocimiento. Cosquín fue un acto de total justicia.
También saltaron a la palestra nuevas luminarias, como
Mercedes Sosa,
Oscar Matus, Armando Tejada Gómez, César Isella,
Jorge Cafrune,
Cuarteto Zupay, Cholo
Aguirre, José Larralde, el Chango
Nieto, Carlos Di Fulvio, Roberto Rimoldi Fraga, y en los últimos años Soledad y
Los Nocheros. Después
del Festival de Cosquín ya nada fue igual: el país hizo oír su voz y Argentina comenzó a escucharla y saboreala, hasta hacerla siempre suya.
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Los Nocheros
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